Como hemos podido comprobar en las dos entradas anteriores,
la mentalidad de los ciudadanos respecto a la homosexualidad está completamente
dividida. Y esta división es bastante radical, ya que los que no aceptan esta orientación
sexual no sólo no la aprecian, sino que tratan de que desaparezca, como si de
algo posible se tratara. Ante tal grado de desprecio, los aludidos reprochan la
falta de comprensión y la necesidad de diferencias en el ser humano, ya que no
todos podemos ser iguales.
Y el dilema que a mí se me plantea, no es otro que el
siguiente ¿Acaso importa cuál sea la orientación sexual de cada uno, mientras
no resulte dañino a los demás? ¿Y es que la homosexualidad no es otra manera de
demostrar amor? Que importa si es hacia un hombre o hacia una mujer del mismo
sexo, si es sólo otra manifestación de un maravilloso sentimiento.
Nuestra sociedad, tan avanzada para algunas cosas, debería
basarse en el respeto y de este modo habría igualmente diferencias respecto a
la manera de pensar en diversos temas, pero esto no sería un problema. Al
respetarse todas las ideas, los ciudadanos gozaríamos de una existencia más
plena, ya que podríamos debatir plácidamente sobre cualquier tema sin ser
tachados de algo, insultados o menospreciados. El respeto se basa en la comprensión,
no en la aceptación, asique por mucho que no se compartan las ideas deberían
ser respetadas.
